Las salsas de tomate envasadas suelen tener un alto contenido de azúcar y sal añadidos. ¡Prepararla en casa te permite controlar los ingredientes! En verano, prepara grandes cantidades de esta salsa y congela o envasa el sobrante para tener salsa fresca y casera a mano todo el año. Si no encuentras tomates frescos de buena calidad, puedes sustituirlos por aproximadamente 680 g de tomates italianos enlatados o envasados de buena calidad.
Pela los tomates haciendo cortes en la piel de cada uno con un cuchillo afilado, desde la parte superior hasta aproximadamente un cuarto de su longitud, formando una "x". Luego, coloca los tomates cortados en una olla con agua hirviendo y hiérvelos hasta que su piel comience a agrietarse, aproximadamente 2 minutos.
Retira los tomates y sumérgelos en agua helada. Cuando estén lo suficientemente fríos como para tocarlos, pélalos. Si prefieres una salsa con trozos, córtalos en dados y resérvalos. Si prefieres una salsa suave, pásalos por un pasapurés hasta obtener un puré sin semillas.
Calienta el aceite de oliva en una cacerola grande a fuego medio. Cuando esté caliente, añade el ajo y las hojuelas de chile rojo trituradas. Cocina hasta que el ajo empiece a desprender su aroma.
Añade los tomates, la sal, la pimienta y la albahaca o el perejil. Remueve bien, tapa y baja el fuego. Cocina a fuego lento durante 20 minutos.
Sirva la salsa inmediatamente o déjela enfriar a temperatura ambiente antes de guardarla. Esta salsa se conserva en un recipiente hermético en el refrigerador durante una semana o en el congelador durante un mes.
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