Esta popular guarnición mediterránea se disfruta a finales de la primavera, cuando las alcachofas baby están en su mejor momento. Además de su sabor suave y mantecoso, las alcachofas baby frescas tienen una textura tierna y una presentación elegante. Si nunca antes has cocinado alcachofas frescas, no te preocupes. Los pasos para prepararlas son sencillos, y después de cocinarlas una vez, serás todo un experto. Si no es temporada de alcachofas baby, puedes sustituirlas por corazones de alcachofa enlatados bajos en sodio o congelados.
Remoje las alcachofas en agua para limpiarlas. Escúrralas y repita el proceso hasta que el agua salga limpia. Retire las hojas exteriores de la mitad inferior de las alcachofas y luego corte la cuarta parte superior. Si quedan hojas duras de color verde oscuro, retírelas también. En este punto, la alcachofa debería tener forma de flor, y todas las hojas duras y oscuras deberían haberse retirado, dejando solo las hojas más claras y tiernas.
Añade el zumo de 1 limón a un recipiente lleno de agua fría y, a continuación, coloca las alcachofas en el agua con limón para evitar que se decoloren.
Pon a hervir una olla grande con agua. Retira las alcachofas del bol, desecha el agua con limón y añádelas a la olla.
Vuelva a hervir el agua a fuego alto, luego reduzca el fuego a medio-bajo y cocine a fuego lento durante 15 a 20 minutos, o hasta que estén tiernas. Escurra las alcachofas y resérvelas.
Coloca el jugo de limón restante, el aceite de oliva y la mostaza en una licuadora. Licúa hasta obtener una vinagreta.
Añade la pimienta, la menta, el eneldo y el perejil, y vierte el aderezo sobre las alcachofas. Sírvelas tibias o a temperatura ambiente.
4 Porciones
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